En esta nueva entrega de “Escritores de la web” recuperamos los dos poemas que Fernando del Amo Pérez envió a la web de Benamira a comienzos de 2004: “A la fuente de mi pueblo”, publicado el 6 de enero, y “Viaje a Benamira”, el 3 de febrero. En el primero conversa con la fuente del pueblo y le pregunta por quienes bebieron de ella; en el segundo recorre en verso, uno a uno, a los vecinos que se iba encontrando al llegar a Benamira a finales de los años setenta. Sin más os dejo con ellos:
A la fuente de mi pueblo
Se te cayeron dos dientes
te mordieron en el labio
apedreaban tus dos vientres,
y tú seguías riendo
sin rencores ni resabios.
Contigo apagan su sed
tanto el pobre como el rico,
la lechuga y el tomate,
la cigüeña y el borrico.
El niño y sus cortos años
y el viejo con su vejez,
y aquel pantalón granate…
y hasta un vestido de cuadros,
tú les diste de beber.
Sobre tus faldas mojadas,
me he sentado esta mañana
haciéndote mil preguntas
de otras mañanas lejanas.
Al preguntar al niño
no supiste qué decir,
se te acalló tu silencio
mirándome de perfil.
Del burro sólo sabías
que lo vendieron un día
a unos hombres que llegaron…
ya era viejo. ¿Dónde iría?
Los huertos se marchitaron,
el pantalón quedó roto
y el vestido no se sabe,
tal vez se perdió
o quizá se lo llevaron.
¿Te acuerdas del rico aquél…
de aquella tarde de enero
cuando al hacerte cosquillas
le mojaste cara y sombrero,
y pegándote un manotazo…
te quiso llevar con él
al cuartelillo de abajo?
Y del pobre que en un día
se le quemó el corazón
como se quema el buen roble.
¡Se le acabó su ilusión
que era cuanto poseía!
Ni la cigüeña siquiera
se quedó cerca de ti,
alguno… No sé ¡Cualquiera!
Serró su ramosa casa
para alejarla de allí.
Del viejo ni pregunté.
Ya no precisa tu agua
por muy cercano que esté.
Viaje a Benamira
En uno de mis primeros viajes, llevando mi «Forito», quizá el primero, a finales de los años 70; esto es lo que vi según me acercaba a la plaza de Benamira.
Sirva este pequeño poema como homenaje a todos los citados en él. Especialmente a los que ya no se encuentran entre nosotros.
Arriba en la costanera,
bello pueblo se imagina
siguiendo la carretera...
Es mi pueblo, Benamira.
Huele a vino «to» el cerrillo,
algo veo ahí adelante
es el Teodoro, ¡qué pillo!
ya sube... tambaleante.
Es el Jorge en el arroyo
quien con sus labios tan finos
si te paras ¡vaya rollo!
te llena de comunismos.
Paso el puente sin calarme,
mojado por la cerveza
me saluda al divisarme
el Lázaro con su cabeza.
Sin nueva complicación
la cuesta ya voy subiendo
el Herrero, ¡buen bribón!
ya se marcha... sonriendo.
Ya estoy dentro, ya he llegado,
ya sale la Basilisa.
¿Algo le habrá pasado,
para correr tan deprisa?
No sé lo que está pasando,
veo temblar el pilón
cuando me voy acercando.
¡Es que chilla el Angelón!
En la fuente está Florencio
y su callado silencio;
con su agua y con su cubo
el «¡eh!» nunca él lo tuvo.
La Satur en su terraza
sostiene un bote de grasa
y pregunta: ¡eh! ¿qué pasa?
pues su vista no me alcanza.
Oigo voces al entrar
por la puerta «el Chiringuito».
¡Cualquiera de este lugar
discute con el Jacinto!
El Emilio y Don Antonio,
el Rubén y el Aquilino,
no dan razón ni al demonio
pero... ¡sí le dan al vino!
Mi Toribia ya ha llegado,
en el juego del julepe
dos durillos he ganado
¡me vienen de rechupete!
Y en fin, para terminar
os digo que ya no hay más.
Que de mí no voy a hablar
¡Que lo digan los demás!