El documento más antiguo en el que aparece Benamira
Hasta ahora, el registro más antiguo que conocíamos de Benamira era el Censo de 1488 ordenado por el I Duque de Medinaceli. Pues bien, hemos localizado un documento todavía más antiguo: un cuadernillo de papel del año 1370, conservado en el Archivo Ducal de Medinaceli, en el que nuestro pueblo ya aparece mencionado. Se trata del Reparto de Rondas y Velas del concejo de la villa de Medinaceli, un texto que nos traslada al convulso siglo XIV castellano y nos permite asomarnos a la vida de estas tierras hace más de 650 años.
El contexto histórico
Estamos en diciembre de 1370, en pleno reinado de Enrique II de Castilla, el primer Trastámara, que había llegado al trono tras la guerra civil contra su hermanastro Pedro I. La tierra de Medinaceli, como gran parte de Castilla, sufría las consecuencias de la Peste Negra (1348) y de las guerras que asolaron la península durante décadas. El documento lo refleja con crudeza: muchas aldeas estaban «yermas e despobladas», sus vecinos habían huido a Mora y a otras villas, y la poca gente que quedaba tenía que cargar con los tributos de todos.
Medinaceli era entonces señorío de los condes de Medinaceli, en concreto de doña Isabel de la Cerda, la condesa a la que el documento menciona repetidamente como «nuestra sennora la condesa». La villa necesitaba defender sus murallas, y para ello el concejo recurrió a un sistema medieval muy habitual: el reparto de rondas (patrullas nocturnas) y velas (turnos de vigilancia en las murallas).
¿Qué dice el documento?
El sábado 17 de diciembre de 1370 (el texto usa la era hispánica: «era de mill e quatrocientos e ocho annos», que equivale al año 1370 del calendario actual), los hombres buenos del común de la tierra de Medinaceli se reunieron en casa de Domingo Álvarez de Santona, su recaudador. Allí, ante el escribano Pero Ferrández, acordaron dos cosas fundamentales:
1. Repartir las rondas y velas para custodiar la villa de Medinaceli durante tres meses, desde el 1 de septiembre.
2. Igualar los tributos entre todas las aldeas de la tierra, porque el despoblamiento había hecho que la carga fiscal fuera tremendamente desigual.
Para hacer el reparto, dividieron el territorio en tres cuadrillas (demarcaciones fiscales), cada una con sus propios igualadores o repartidores:
Cuadrilla del Estremo: con 58 centenas y un cuartillo de carga fiscal. Incluía localidades como Anguita, La Riba, Sauca, Tortonda, Sotodosos, Padiella o Espligares.
Cuadrilla de la Sierra: con 58 centenas. Abarcaba Barahona de los Caballeros (Baluazil), Clares, Maranchon, Codes, Arbujuelo, Iruecha o Sagides, entre otras.
Cuadrilla del Campo: con 40 centenas y media y un cuartillo. Aquí es donde encontramos a Benamira, junto a Esteras, Aguaviva, Alcubilla, Romanillos, Alcuneza, Guijosa y muchas más aldeas de la zona.
Benamira en el reparto
Benamira aparece en el documento integrada en un grupo fiscal junto con otras localidades vecinas. En el reparto de centenas (unidades fiscales) se lee:
«Esteras con Palacio y Benamira e Monteagudillo con la figuera, C»
Es decir, Esteras, Palacio, Benamira, Monteagudillo y La Figuera sumaban juntas 100 centenas de carga fiscal. Estas cinco localidades funcionaban como una unidad tributaria conjunta dentro de la Cuadrilla del Campo.
Más adelante, en el reparto definitivo de maravedis que hicieron los igualadores de la cuadrilla, se asigna al grupo:
«Esteras con palacio, e Benemira e Motagudillo e la figera, CCC»
Es decir, 300 maravedis para el conjunto de estas aldeas. Resulta interesante notar que el escribano escribe «Benamira» en una ocasión y «Benemira» en otra, una variación ortográfica habitual en los documentos medievales.
Las ordenanzas del común
El documento incluye también una serie de ordenanzas que los hombres buenos aprobaron aquel día, y que nos dan una imagen vivísima de cómo funcionaba la vida en común:
Se estableció un plazo de quince días para que cualquier vecino pudiera reclamar una igualación de su carga fiscal; pasado ese plazo, nadie estaba obligado a atender la reclamación. Se ordenó que el pechero (contribuyente) que se mudase de una aldea a otra debía llevar consigo setenta maravedis de las centenas de su lugar de origen, siempre que su hacienda superase los ochocientos maravedis. Se dispuso que quien tuviera bienes raíces pagase sus tributos allí donde tuviera la mayor parte de sus tierras, y quien no los tuviera, donde sacase la mayor cosecha.
También se regulaba qué ocurría cuando un pechero se casaba con mujer de otra aldea: si se llevaba a la mujer y montaba casa, pagaba por lo suyo; pero si se quedaba en la aldea de ella, debía pechar tanto por lo de él como por lo de ella.
Los gastos del concejo
El cuadernillo recoge con detalle en qué se gastaba el dinero recaudado, y el listado resulta fascinante. Además de los quince mil maravedis para la condesa en reconocimiento de señorío, se destinaron fondos a las soldadas de escribanos, juez, andadores y alcaldes; al recaudador Domingo Álvarez, que cobró dos mil maravedis; y a los igualadores, quinientos.
Pero lo más revelador son los gastos extraordinarios: se enviaron emisarios a Toro para asistir al casamiento del rey; se pagaron las cartas de perdón para Medinaceli y su tierra; se organizó un convite para el conde cuando vino por Santa María Magdalena «porque non fiziese mal ni danno en tierra de Medina», con dos carneros, una carga de vino, diez fanegas de trigo, doscientos panes y diez pares de perdices. Se mandó gente a Guadalajara a hablar con Pero González de Mendoza, y se despachó a dos hombres a Cuenca «a saber por dó venían los frangeses», para que la villa y la tierra estuvieran prevenidas.
El monto total repartido aquel día ascendió a 34.300 maravedis, una cifra considerable que da idea de la presión fiscal que soportaban estas aldeas en un momento de profunda crisis demográfica.
Un territorio despoblado
Una de las cosas que más llama la atención es la cantidad de aldeas que aparecen como «vaca» (es decir, vacante, sin representante) en la reunión de igualadores, y la insistencia del documento en que gran parte del término estaba «yermo e despoblado». La Cuadrilla del Estremo tuvo que recibir ayudas de la del Campo porque estaba especialmente caída, y las tres cuadrillas dedicaron semanas enteras a intentar redistribuir las cargas de las aldeas abandonadas entre las que aún tenían vecinos.
Este panorama de despoblación —tan familiar, tristemente, para quienes hoy vivimos en la España rural— tiene su raíz en la devastadora Peste Negra de mediados del siglo XIV y en las guerras civiles castellanas entre Pedro I y Enrique II, que habían asolado estas comarcas pocos años antes.
El dato clave
Con este documento, la primera mención conocida de Benamira se remonta al año 1370, más de un siglo antes del Censo de 1488 que hasta ahora considerábamos el registro más antiguo. Nuestro pueblo ya estaba ahí, formando parte de la Cuadrilla del Campo de la tierra de Medinaceli, pagando sus tributos junto a Esteras, Monteagudillo, Palacio y La Figuera, y contribuyendo a la defensa de la villa condal.
El documento original se conserva en el Archivo Ducal de Medinaceli (Sección Medinaceli, Legajo 82-3) y fue transcrito y publicado por la historiadora María Luisa Pardo Rodríguez en su obra Documentación del Condado de Medinaceli (1368-1454).