El accidente aéreo de 1919 y la cruz que lo recuerda

Blog de Benamira

El accidente aéreo de 1919 y la cruz que lo recuerda

La lección de humanidad de Benamira: la tragedia de 1919, la muñeca roja y la cruz en el páramo.

Hoy se conmemoran 100 años del terrible accidente que tuvo lugar el 16 de noviembre de 1919. El páramo castellano se tiñó de luto cuando un aeroplano Farman F-50 se estrelló en el término municipal de Benamira, cerca del caserío de las Casas de Villaseca, en Soria.

Lugar del accidente aéreo de 1919

En el trágico accidente perdieron la vida cinco aviadores: el capitán español Ángel Martínez de Baños y los cuatro miembros de la tripulación francesa. Sin embargo, más allá de la terrible desgracia, aquel día pasó a la historia por la reacción ejemplar, solidaria y heroica de los vecinos de Benamira.

Al presenciar la caída del avión, la movilización de los habitantes fue absoluta e inmediata. Según relató Nemesio García, cronista y testigo de los hechos, «no quedaba un solo individuo en el pueblo que no acudiera a prestar los servicios necesarios». Al llegar al lugar del impacto, encontraron a dos de los tripulantes aún con vida e intentaron socorrerlos; los envolvieron en mantas y encendieron hogueras para intentar que reaccionaran con el calor, aunque lamentablemente fallecieron a los pocos minutos.

A pesar del espantoso frío de aquella noche en la estepa soriana, todo el pueblo permaneció a la luz de los faroles colaborando de forma admirable. Los vecinos se dividieron el trabajo con una organización impecable: unos custodiaban los restos del aparato, otros iban a buscar leña para combatir las bajas temperaturas, y un grupo velaba los cadáveres mientras ayudaban en las difíciles tareas de identificación.

Al amanecer, trasladaron en hombros los restos a la Casa Consistorial de Benamira, habilitada como capilla ardiente. La profunda honradez de las gentes de Benamira conmovió a todo el país. Entre los restos del avión se encontraron maletas y una importante cantidad de dinero, incluyendo 4.000 pesetas que portaba el capitán Baños. Las autoridades comprobaron que no faltaba absolutamente nada y, demostrando una inmensa nobleza, el pueblo se negó rotundamente a cobrar los gastos que se habían ocasionado durante la tragedia.

La muñeca roja del capitán Martínez de Baños

Durante las tareas de identificación, se vivió uno de los momentos más desgarradores de la jornada. Entre las pertenencias del capitán Baños, los vecinos encontraron una carta de su esposa en la que le recordaba que «no dejara de traer la muñeca prometida a su hija». Al buscar entre los restos, hallaron una pequeña caja de cartón que contenía, efectivamente, una muñeca roja. El juguete estaba intacto, aunque presentaba algunas salpicaduras de sangre del fatídico impacto. Al ver la muñeca, las lágrimas y la emoción recorrieron las mejillas de todos los lugareños presentes, un objeto que la familia del capitán aún conserva hoy como mudo testigo de la tragedia.

El vuelo fallido y la cruz del páramo

El vínculo de la localidad con los fallecidos perduró en el tiempo. En 1929, coincidiendo con el décimo aniversario del siniestro, el alcalde de Benamira, Hipólito García, solicitó a la jefatura de Aviación Militar un vuelo homenaje sobre el lugar. Aunque se autorizó que dos aviones despegaran desde Cuatro Vientos, la espesa niebla y el mal tiempo impidieron que pudieran sobrevolar el páramo. Para compensar este vuelo fallido, la Aviación Militar costeó la construcción de un monumento-cruz en el lugar exacto de la caída, el cual aún se conserva en pie recordando los nombres de los fallecidos.

Cruz conmemorativa en el páramo de Benamira

El encomiable comportamiento de los vecinos fue reconocido a nivel nacional. Una comisión de habitantes de Benamira acompañó a los féretros hasta Madrid, donde el general Tovar les dio las gracias en nombre del Gobierno por sus «humanitarios auxilios». El propio ministro de la Guerra pronunció un sentido discurso enalteciendo «la honradez, nobleza y sentimientos caritativos del pueblo soriano», declarando que, cuando parecía que el amor al prójimo había desaparecido, el pueblo de Benamira surgió para demostrar todo lo contrario: «Detrás de las tragedias más desgarradoras, siempre puede brillar la inmensa grandeza de las gentes anónimas».

Rescatadores del avión siniestrado en Villaseca, 1919
Rescatadores del avión siniestrado en Villaseca en el año 1919. De izquierda a derecha: Arriba – Hipólito García, Dionisio Peregrina y Eusebio Rata (el Tío Chiles). Abajo – Antonio García y Nemesio García. (Hecha en Madrid el 24-11-1919 cuando asistieron al entierro de los aviadores).