El valle del Cantar
En tres ocasiones figura Arbujuelo en el poema épico del Cantar del Mío Cid. Aunque el poema fue dado a conocer en las inmediaciones del siglo XIII, algunos estudiosos aseguran que fue escrito medio siglo antes. Es en este valle donde se escenifica el momento en el que Abengalbón pasa el puerto de Maranchón y se dirige a la vecina Medinaceli en busca de la esposa y las hijas del Cid para llevarlas hacia Valencia.
Las hijas del Cid vuelven a cruzar este valle cuando, en compañía de sus esposos, los Infantes de Carrión, se dirigen hacia el Robledal de Corpes. Allí recibirán una brutal paliza a manos de ellos y volverán en una tercera ocasión por estos lares, para dirigirse de nuevo a tierras levantinas donde su padre les proporcionará un nuevo casamiento.
» Salen ellos de Medina
y allí cerca del Jalón pasan,
por el Arbujuelo arriba
prestamente que aguijaban.
» Pronto el campo de Taranz
en seguida atravesaban,
hasta parar en Molina
la que Abengalbón mandaba «
El vecino de Benamira
Para nosotros, Arbujuelo es algo más que un escenario literario: es el vecino de al lado. El término de la aldea linda con el de Benamira, y ya el diccionario de Madoz lo describía a mediados del siglo XIX como un lugar recogido "al pie de un cerro", en "un estrecho valle" húmedo del que salían ocho caminos de herradura, con sus buenos prados naturales para el ganado. Hoy Arbujuelo es una aldea de apenas ocho vecinos censados, perteneciente — como Benamira — al municipio de Medinaceli, y sigue presidida por los Tolmos, dos monumentales colmillos de piedra que asoman sobre el caserío.
La Sima de Arbujuelo
El valle guarda además un secreto bajo tierra: la Sima de Arbujuelo, también conocida como Sima de los Cristales, una cavidad natural que se abre en el páramo junto a la carretera de Medinaceli a Maranchón, a 1.207 metros de altitud. Un pozo vertical de ocho metros da paso a una gran sala de la que parten dos galerías; la principal se prolonga unos trescientos metros encadenando pequeñas salas con formaciones calcáreas — los "cristales" que le dan su otro nombre.


La sima es terreno de espeleólogos equipados, no de visita casual: el descenso requiere cuerda y experiencia. Pero su existencia cuenta algo hermoso sobre este valle calizo, horadado por el agua igual que La Chorronera unos kilómetros más allá. Por desgracia, la sala de entrada acumula basura arrojada durante décadas — un recordatorio de lo que nunca debe hacerse con estas cavidades. Más información y topografía en la Sociedad Espeleológica Alto Duero.

Tras las huellas del Cid
Quien quiera pisar hoy los mismos parajes del poema lo tiene fácil: la Ruta del Cid — el itinerario turístico que sigue el destierro del Campeador de Burgos a Valencia — atraviesa el valle en su etapa entre Maranchón y Medinaceli, señalizada para senderistas y ciclistas. Desde Benamira el valle queda literalmente en casa: un paseo a pie o en bici entre cerros y sembrados, con ochocientos años de literatura bajo las suelas.