Yacimiento Arqueológico de Ambrona
Lugares cercanos a Benamira
Los elefantes de la meseta
A apenas diez minutos de Benamira, junto a la diminuta aldea de Ambrona — hoy con menos de veinte vecinos —, se esconde uno de los yacimientos clásicos de la prehistoria europea: un lugar que aparece en los manuales de arqueología de medio mundo y que guarda, bajo los campos de cereal, los huesos de manadas enteras de elefantes que bebían aquí hace 350.000 años, cuando esta paramera era un valle de lagunas someras rodeado de pinos, robles y alisos, poblado por elefantes antiguos, uros, caballos, ciervos, rinocerontes e incluso leones.
El Yacimiento Arqueológico de Ambrona es uno de los yacimientos paleontológicos más importantes de España, con una antigüedad de aproximadamente 350.000 años, perteneciente al Paleolítico Inferior (Ioniense, Pleistoceno medio).
Los yacimientos de Torralba y Ambrona, situados en la provincia de Soria, contienen varios niveles fosilíferos con industria lítica achelense asociada. De estos yacimientos se han obtenido fósiles de grandes mamíferos, principalmente elefantes antiguos (Palaeoloxodon antiquus), con restos de casi medio centenar de individuos en cada yacimiento, además de grandes bóvidos y caballos.

Se ha propuesto un modelo de formación tipo cementerio de elefantes, similar a los actuales africanos. El yacimiento también muestra evidencias de sucesivas ocupaciones humanas como estación de caza o, más probablemente, carroñeo y despiece de animales.
El yacimiento fue descubierto en 1888 y ha sido objeto de diversas campañas de excavación dirigidas por el Marqués de Cerralbo (1909-1914), F. Clark Howell (1961-1963 y 1980-1983), Emiliano Aguirre (1993-2000) y Manuel Santonja y Alfredo Pérez-González (desde 2000).
Ambrona fue declarado Bien de Interés Cultural en la categoría de zona arqueológica el 7 de septiembre de 1995. Asimismo, está declarado como Lugar de Interés Geológico Español de Relevancia Internacional (Geosite) por el Instituto Geológico y Minero de España.
Los restos recuperados se encuentran repartidos entre el Museo Nacional de Ciencias Naturales, el Museo Arqueológico Nacional, el Museo Numantino de Soria y el museo in situ de Ambrona.
El marqués que veraneaba en Santa María de Huerta
La historia de cómo se descubrió todo esto es una pequeña joya. Los primeros huesos "colosales" aparecieron en 1888, durante unas obras de canalización de agua para la estación de ferrocarril de Torralba. La noticia llegó en 1907 a oídos de Enrique de Aguilera y Gamboa, marqués de Cerralbo — el mismo erudito que salvó de la ruina el monasterio de Santa María de Huerta —, que veraneaba en un palacio de su propiedad en esa localidad. Fascinado, decidió costear él mismo las excavaciones, que dirigió entre 1909 y 1916 y que están consideradas de las mejor realizadas de toda la primera mitad del siglo XX. Cerralbo presentó sus hallazgos en el congreso internacional de Prehistoria de Ginebra de 1912, y el gran manual de la época — El hombre fósil de Hugo Obermaier — los dio a conocer al mundo entero.
La expedición americana
Medio siglo después, el antropólogo estadounidense F. Clark Howell retomó el testigo con seis campañas (1961-1963 y 1980-1983) y un equipo internacional que trabajó con un rigor asombroso para la época: llegaron a analizar el polen de la arcilla adherida entre los dientes de los elefantes para reconstruir el paisaje exacto en que murieron. Sus conclusiones — que aquellos primeros humanos cazaban elefantes de forma organizada — dieron la vuelta al mundo con el apoyo de la National Geographic Society, y aunque hoy la ciencia se inclina más por el carroñeo oportunista que por la caza, el debate que abrió Ambrona sigue vivo en la arqueología mundial.
El museo de los huesos
Lo que hace única la visita es el museo in situ, un pabellón levantado en 1963 — uno de los primeros museos de yacimiento de España — directamente sobre la excavación: dentro, los huesos de los elefantes siguen exactamente donde aparecieron, tal y como los dejaron los excavadores, con las defensas y los fémures aflorando de la tierra.
En el exterior, una recreación a tamaño natural del Palaeoloxodon antiquus — bastante más grande que un elefante africano actual, con sus defensas casi rectas — ayuda a imaginar a las manadas que frecuentaban la laguna. El yacimiento gemelo de Torralba queda a unos tres kilómetros, y todo el valle de Ambrona está además salpicado de yacimientos neolíticos varios milenios más recientes.
Ambrona está a un paso de Benamira — se ve casi desde la Sierra Ministra — y la visita al museo es corta, sorprendente y perfecta para ir con niños: pocas veces se puede mirar a los ojos, aunque sean de hueso, a un vecino de hace 350.000 años. Conviene consultar los horarios de apertura antes de ir, pues varían según la temporada.
Fotografías del museo: PePeEfe, publicadas bajo licencia CC BY-SA 3.0, vía Wikimedia Commons.
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